Día Mundial para la Superación de la Pobreza Extrema


La conmemoración del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza se remonta al 17 de octubre de 1987. Ese día, más de cien mil personas se congregaron en la plaza del Trocadero, en París, donde en 1948 se había firmado la Declaración Universal de Derechos Humanos, para rendir homenaje a las víctimas de la pobreza extrema, la violencia y el hambre.

Actualmente, más de 800 millones de personas aún viven con menos de 1,25 dólares al día y muchos carecen de acceso a alimentos, agua potable y saneamiento adecuados, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La erradicación de la pobreza es uno de los mayores retos globales con que se enfrenta actualmente el mundo, en particular en África y en los países subdesarrollados. La pobreza no es solo una cuestión económica. Se trata de un fenómeno que comprende la falta de las capacidades básicas para vivir con dignidad, como el acceso al agua potable, a la electricidad, saneamiento y alimentos.

La pobreza es en sí misma un problema de derechos humanos urgente y es causa y consecuencia de violaciones de los derechos humanos. Por ello, reducir la pobreza y erradicarla es una obligación de todas las sociedades.

En Marruecos, las desigualdades están impactando severamente en mujeres y jóvenes, quienes tienen especialmente complicado acceder a un trabajo digno. El paro se ceba especialmente con la juventud en las ciudades y áreas urbanas, donde cuatro de cada 10 personas entre 15 y 24 años no logra encontrar un empleo. Servicios públicos deficientes e insuficientes, desempleo y precariedad laboral, discriminación contra las mujeres y un sistema fiscal injusto provocan que el ascensor social haya dejado de funcionar para la población marroquí, como se puede ver en Por un Marruecos menos desigual, una fiscalidad justa, un análisis sobre la realidad del país realizado por Oxfam.

Agenda de Desarrollo Sostenible

En base a los indicadores de pobreza creciente en el mundo, las Naciones Unidas elaboró en el 2015 el primer Objetivo de Desarrollo Sostenible de su Agenda 2030: «Fin de la pobreza».

Allí se sostiene que, para lograr el objetivo de acabar con la pobreza, “el crecimiento económico debe ser inclusivo, con el fin de crear empleos sostenibles y de promover la igualdad”. Una de las metas más concretas y ambiciosas de esta Agenda es reducir a la mitad la cantidad de pobres en el mundo hacia 2030.

Por otro lado, el grupo Banco Mundial en un comunicado el pasado 2 de octubre declaró que, pese a sus esfuerzos, “aún queda mucho por hacer para poner fin a la pobreza extrema, y siguen existiendo muchos desafíos. En gran parte del mundo, el ritmo de crecimiento es demasiado lento, y la inversión es muy escasa para elevar la mediana de los ingresos. En muchos países, el ritmo de reducción de la pobreza ha sido más lento o incluso se ha revertido”.